Quien ha visto la Esperanza, no la olvida. La busca bajo todos los cielos y entre todos los hombres. Y sueña que un día va a encontrarla de nuevo, no sabe dónde, acaso entre los suyos. En cada hombre late la posibilidad de ser o, más exactamente, de volver a ser otro hombre.
martes, 10 de enero de 2012
martes, 13 de diciembre de 2011
viernes, 9 de diciembre de 2011
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Así la cosa...
No me decido.
¿Dónde será más pertinente escribir? ¿Qué es lo que debo decir?
Las ideas se contraponen. Quiero y no quiero hacerlo. Es como una forma de no invocar tempestades, aunque de cualquier forma ahí están: se respira esa violencia en el ambiente.
La música no ayuda y creo tener la certeza de que ahora es el tiempo justo de hacerlo, después ya no tendrá más sentido. Quizás ahora tampoco lo tenga. O puede ser la necesidad de vaciarme de este agobio. Lo que es cierto es que los días siguen pasando y el malestar crece.
Ya no quiero más hablar de ello. Es agotador y no llegamos a nada. Pero no por ello se ha resuelto algo. Hace poco tocó un punto muy sensible:
"¿Vas a volver?¿a hablar de cosas lindas?"
Con ocho palabras me sumergí en el vacío. ¿Dónde fue que la magia se acabó? ¿Cómo es posible que haya pasado más de un año y la dinámica sea la misma? ¿Qué es lo que espero de él? ¿Qué es lo que él espera de mi? ¿Qué es lo que espero de mi misma? ¿Y qué hacemos para conseguirlo?
Hubo tiempos muy buenos, en los que todo era "lindo", pero ni el tiempo, ni la distancia, ni la disposición ayudan. Y me encantaría tener alguna respuesta de su parte a estas interrogantes antes de que el tiempo se agote y dejemos definitivamente que se disuelva todo en las ausencias e invisibilidades.
Quiero respuestas.
lunes, 28 de noviembre de 2011
Dispersa: Inconcluso
Estoy por comenzar a resolver la última tarea del primer módulo, pero cualquier cosa ajena llama mi atención: ya preparé café turco, ya revisé un par de blogs e investigué un poco de la tarea, y en seguida descargo una película y me invaden sensaciones corporales que me recuerdan tactos. Me duele el estómago y me levanto. Regreso y publico una frase que me hizo reflexionar, escucho a José Alfredo y evoco momentos de sentimientos muy intensos. Otro trago de café y regreso al texto... y "Solo puedo pedirte que me esperes al otro lado de la nube negra"... Y el tiempo se agota y es el momento de cerrar todo y enfrentarse al mundito escolar de los lunes "...para algo debe servir..."
sábado, 26 de noviembre de 2011
Sueño...
Llego en avión a una ciudad inmensa en la que confluyen construcciones de todos los estilos artísticos y pido parada frente a un palacio más bien barroco en que se dan cita personajes de la "alta cultura", que discuten acerca de las últimas tendencias mientras beben desesperados para embriagarse y tolerar con mejor actitud lo que resta del encuentro. Reconozco a antiguos amigos y los saludo con efusividad, y luego veo a uno de los maestros más queridos y cuando me acerco a saludarlo, me pregunta cómo es que pude entrar si sólo podían pasar los "renombrados". Su pregunta me provoca desagrado y decido recorrer ese enorme edificio, así que comienzo por ese salón y sigo hacia arriba en cuanto descubro unas garigoleadas escalinatas. Conforme avanzo, hay menos gente y puedo contemplar con gozo y detenimiento cada espacio. Llego a una galería más arriba en la que hay muebles interesantísimos apilados y llenos de polvo, ahí hay un hombre regordete dando una explicación de lo que esa colección representa, y me emociono y pienso en que ese espacio me encanta, que quiero conocerlo todo. A la derecha, hay una escalera más angosta y la subo mientras acaricio los muros. Llego frente a una puerta entreabierta y apenas me asomo, puedo distinguir un grupo de cuerpos humanos tirados sobre una tarima, y algunos gimen de dolor. Siento miedo. Puedo observar entonces que el hombre gordo viene furioso hacia mi, así que de inmediato corro escaleras abajo mientras veo cómo todos esos personajes pomposos se transfiguran en personajes de películas de terror. Al final salgo del edificio lamentándome por no haber podido recorrerlo todo.
Doy vuelta a la manzana y me encuentro con Teté en una cafetería, ella presume una taza y me invita a sentar frente a un inmenso ventanal que permite ver la ciudad en su esplendor. Descanso y suspiro mientras me sacio con el aroma del café...
Más tarde me encuentro de nuevo en el avión y pido bajar una parada antes del edificio barroco. Lo que pasó después ya no logro recordarlo, pero tiempo más tarde estoy en la Universidad, en un consultorio médico en el que luego de examinarme, me dicen que probablemente estoy embarazada. Desde la ventana, veo que afuera me espera el padre de mi Sol, revisando su reloj de pulso; al parecer hace mucho tiempo atrás le di cita para ese momento. Pero las cosas han cambiado. Descubro que él nota que estoy adentro y sonríe, y continúa esperándome mientras le pregunto a la doctora si está segura de su diagnóstico y comienzo a inquietarme por la posible demora de M.
M. llega justo en el momento en que me despido de la doctora. Abro la puerta y miro que el hombre del reloj sigue esperando con una sonrisa, y debo caminar en el mismo sentido para encontrarme con M., así que camino contenta y nerviosa por la noticia, rebaso al hombre del reloj sin mirarlo, y esperando que comprenda que su tiempo ya pasó, y abrazo a M., contándole la nueva y esperando su reacción...
Entonces sonó la alarma y me perdí el final de la historia.
El silencio
... ... ...
Palabras impronunciables, emociones presas que se agolpan y urgen una salida que es reprimida. Mejor evadir, es la consigna. Nada duele si nada pasa, y si me niego y nada leo y nada escucho, nada pasa: Ojos que no ven... versa el refrán, pero el tiempo no miente, y sé que en algún lugar respira el que decidió desaparecer (espero que para encontrarse).
En este territorio tampoco quiero investigar más y me sumo a la ola de oscurantismo que mantiene estable esta forma de existir. Ya me cansé de apostarle a imposibles.
El silencio invade mi universo, y me repliego esperando escuchar algún sonido, sentir alguna vibración que me indique cuál es el camino más viable para mejor vivir... Y manifestarme en un profundo alarido.
martes, 15 de noviembre de 2011
Arte - Vida
Los objetivos prácticos de realizar una actividad útil y rentable, de actuar en beneficio de otros y de divertirse son fáciles de definir y de perseguir. Pero llega un momento en que todo esto parece transitorio y uno se enfrenta a la revelación de que el único sentido de la vida es la más plena y pura experiencia de la vida misma. Percibir en toda su plenitud lo que significa amar verdaderamente, interesarse por algo, comprender, crear, descubrir, anhelar o esperar es, en sí mismo, el valor supremo de la vida. Una vez que esto se comprende, es igual de evidente que el arte es la evocación de la vida en toda su plenitud, pureza e intensidad. El arte, por tanto, es uno de los instrumentos más poderosos de que disponemos para la realización de la vida. Negar esta posibilidad a los seres humanos es ciertamente desheredarlos.
Rudolf Arnheim.
Consideraciones sobre la educación artística.
domingo, 13 de noviembre de 2011
De las cosas que obligan a reconsiderar nuestra manera de vivir...
Me parece que estos han sido los días más difíciles del año. Todo se vino de golpe: los dos trabajos, el posgrado, la negativa de licencia, los problemas en la escuela, los desvelos, la computadora con sus virus, mi sol de paseo, la soledad, el estar con alguien sin amarlo, el (quizás) amar a alguien sin estar con él, las deudas, la casa sin agua, las fallas con la luz, los amigos y sus problemas, y su poca disposición de escuchar los de alguien más, el poco tiempo...
Hace tiempo, mientras esperaba que me atendieran en el laboratorio, vi un stand en el que hacían una prueba para detectar la Hepatitis C, y por hacer tiempo, decidí aplicar. Me dijeron que el resultado era positivo, pero que debían tomar otra muestra de sangre para hacer un mejor estudio, y que me llamarían en algunas semanas. Pasaron más de dos meses y no recibí la llamada, así que olvidé el tema.
Esta semana llamaron y me dijeron que debía ir a recoger resultados al hospital con una gastroenteróloga. Al otro día fui y la tal doctora no estaba. Por la noche volvieron a llamarme, pidiendo que fuera lo más pronto posible a recoger los resultados. Entonces sí que me asusté, y sin pensarlo, comencé a reconsiderar mi forma de vivir, a planear cómo hacer para no dejar desamparado a mi solecito, cómo hacer para dedicarle el mayor tiempo posible, para mostrarle lo hermoso del mundo, para hacerlo madurar deprisa. Pensé en mi papá y su forma de educarme, y recordé que siendo aún una niñita me dijo con dureza que quería hacerme auto-suficiente porque él podía morir cualquier día por la diabetes. Al fin comprendí su miedo y dolor, y los sentí propios al imaginar que probablemente no vería crecer a mi hijo...
Y mi hijo estos días tan dolorosamente lejos...
Al otro día fui al hospital y parecía que me esperaban en la puerta del consultorio. De inmediato me hicieron entrar. El hombre que estaba dentro me invitó a sentarme y dijo que iría en busca de la doctora para que interpretara los resultados de la prueba. En mi mente pasaban pensamientos como el vender la casa, comprar un seguro de gastos médicos mayores, un departamento cerca de la universidad y la (aún) familia, una cuenta de ahorros para que Leo siga estudiando, cómo comunicar a los demás el diagnóstico, renunciar a un trabajo y viajar mucho...
La doctora llegó, leyó la hoja de resultados, y me dijo que todo estaba bien, que por alguna razón la prueba anterior había dado positivo, pero que en ésta no habían detectado nada anormal, que estaba sana y un "disculpe usted por la preocupación que pudimos generarle". De inmediato me tranquilicé y agradecí la atención.
Y salí corriendo de vuelta al trabajo sin poder externar todas estas emociones...
Lo que es cierto, es que este evento me ha hecho reconsiderar mi forma de vivir, y más en estas horribles semanas en que no tengo más tiempo que para trabajar. No vivo, sólo soy una autómata que produce para que algún desconocido se enriquezca, y mientras, mi Sol, (recién lo hago consciente), la persona más importante en mi existir, está lejos por lo mismo. Y la vida es frágil, en cualquier momento puede apagarse, y hay miles de cosas por hacer, sueños qué realizar, lugares por conocer, colores y formas por mostrarle a mi niñito...
Aún no sé qué haré, pero es seguro que debo modificar mucho. Y vivir con plenitud por el tiempo que me toque hacerlo. Y dar mucha luz.
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jueves, 3 de noviembre de 2011
martes, 1 de noviembre de 2011
Muertos...
Es hora de irse a pedir calavera.
Las últimas semanas mi ritmo de vida, de por sí acelerado, se ha vuelto aún más apresurado y caótico. Y justo hoy... justo cuando debo llevar a mi sol disfrazado de esqueleto a las calles a pedir calavera y satisfacer así su ilusión de este tiempo... justo ahora siento que se agotó toda energía en mi.
Volví muy triste de la escuela porque di todo de mi y me sentí utilizada por todos.
Quiero escribir, pero mi Catrín está más que listo y ansioso.
Me voy...
martes, 11 de octubre de 2011
Sin palabras...
Ya se extinguió el placebo de la primera impresión y comienzo a sentirme triste, sin energía. Tendré que acostumbrarme a este nuevo modo de enfrentar el tiempo en internet.Quizás, lo que más me pesa es el no habernos despedido.
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Sures
lunes, 10 de octubre de 2011
De deslumbramientos y apagones...
Anoche se apagó totalmente su resplandor. Pero es mejor así. Ya no quiero que signifique nada su nombre cuando lo vea escrito en cualquier lugar; ya no quiero recordar palabra alguna cuando escuche a Spinetta (quien, a decir verdad, estará vetado del itunes un buen tiempo). Por fortuna, Ghibli estuvo antes y más pronto se diluirán las asociaciones.
Anoche estuve de curiosa-obsesiva y las respuestas se revelaron como espejos, como aquellas piezas de rompecabezas que se esconden justo para hacerse aparecer en el momento preciso y así terminar de construir la imagen.
Sí, sé que yo tampoco fui sincera y que por lo mismo no debería reaccionar de esta manera. Cuesta mucho decir la verdad, ¡vaya que lo sé! Pero no tiene sentido relacionarse con alguien a través de mentiras y medias verdades. No lo quiero y estoy segura que de continuar, seguiría en el mismo sentido. Así que decido que no va más.
Adios.
domingo, 18 de septiembre de 2011
Hacer bien las cosas...
¿Qué significa eso?
Si el hacer bien las cosas implica sentirse bien, creo que no voy por buen camino.
No sé cómo hacer, pero no funciona el capricho de alejarse. No soluciono nada y sólo extraño y se enrarece aún más la situación.
¿Cómo se hacen bien las cosas?
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Sures
sábado, 17 de septiembre de 2011
martes, 13 de septiembre de 2011
Los adioses...
He intentado escribir... Pero no puedo. Esto es muy fuerte.
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Sures
jueves, 1 de septiembre de 2011
miércoles, 31 de agosto de 2011
De espejismos y otras farsas...
Cada vez siento más frío.
Anoche fue distinto, lo fue tanto que esta mañana me aventuré a construir de modo autómata palabras sobre la mesa, palabras que estuve saboreando todo mi día fuera de casa como posibilidad, como una nueva puerta abierta, como ese fragmento de arcoiris que coloreó el paisaje de mis cerros.
¿Qué pueden significar un puñado de abatelenguas apilados? ¿Orden? ¿Puntos suspensivos? ¿O punto final?
De nuevo es tarde, el frío me invade desde los pies y me decido a buscar refugio en mi cama, mientras tanto, estaré expectante a los sonidos de la noche.
Ya quiero estar bien.
No quiero caer.
lunes, 22 de agosto de 2011
2011-2012
Es molesta esta incontrolable ansiedad. Siento que es mucho más fuerte que la que viví el año pasado. Y ciertamente no tiene razón de ser. Ya experimenté una vez lo que es comenzar un ciclo escolar, conocer a los integrantes de los grupos, definir las dinámicas más pertinentes para hacerles atractiva una clase, motivarlos y motivarme para ir más allá de las reglas impuestas por los recursos, los "jefes" y los programas; ya sé más o menos cómo torear las malas jugadas de los compañeros; ya sé modular mi voz y cómo hacer para no quedar afónica; ya conozco los contenidos de los cursos; ya sé que mis alumnos no son universitarios pequeños, sino niños y que como tales hay que hablarles de cada tema. Y sin embargo tengo miedo, mucho miedo de aquello que estoy a unas pocas horas de conocer. Me averguenza decirlo, pero sí, tengo miedo. Quizás el escribirlo funcione como placebo y me ayude a alcanzar la serenidad necesaria para enfrentar este primer día.
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La docencia
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