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domingo, 24 de mayo de 2009

Agonía

¡¡¡Señoras y señores, niños y niñas...!!!

Con la novedad de que a esta muchacha ojerosa se le acabó la pila. Y no se sabe a bien si lo que necesita sea a) dormir, b) comer bien, c) tomar vitaminas, d) unas vacaciones, e) unos buenos besos,  f) escuchar esa voz que tanto le gusta o, g) todas las anteriores.

Por lo enunciado más arriba, la que escribe ha decidido que sólo dejará a sus asiduos lectores un poemita de otro de sus favoritos:

¡¡¡Con ustedes...  el único... el inigualable... Cesare Pavese!!!!!!

*******

Vagaré por las calles hasta que muera de cansancio,
y sabré vivir sola y mirar a los ojos
cada rostro que pasa y ser siempre la misma.
Este fresco que sube buscándome las venas
es como un despertar que nunca de mañana he sentido
tan real: solamente, me siento más fuerte
que mi cuerpo, y un temblor más frío viene con la mañana.

Están lejos los días que tuve veinte años.
Mañana cumpliré veintiuno: mañana andaré por las calles;
recuerdo cada una de sus piedras y las franjas del cielo.
Desde mañana la gente ha de volver a verme
y andaré erguida y podré detenerme
y verme en las vidrieras. En las mañanas de antes
era joven y no lo sabía, ni siquiera sabía
que era yo quien pasaba -una mujer y dueña
de sí misma. Esa niña delgada que fui
se despertó de un llanto que duró muchos años:
ahora es como si el llanto no hubiera existido.

Y sólo deseo colores. Los colores no lloran, 
son como un despertar: mañana los colores
retornarán. Cada una andará por las calles;
cada cuerpo, un color -incluso los niños.
Este cuerpo vistiendo un rojo claro
tras tanta palidez recobrará su vida.
Sentiré deslizarse miradas a mi alrededor
y sabré que soy yo: echando una mirada,
me veré entre la gente. Cada nueva mañana
andaré por las calles buscando colores.



domingo, 1 de febrero de 2009

Verano


Ha reaparecido la mujer de ojos entreabiertos
y de cuerpo concentrado, andando por la calle.
Ha mirado de frente, tendiendo la mano
en la calle inmóvil. Todo ha vuelto a resurgir.

En la luz inmóvil del día lejano
se ha quebrado el recuerdo. La mujer ha alzado
la frente sencilla y su mirada de entonces
ha reaparecido. Se ha tendido la mano hacia la mano
y el apretón angustioso era el mismo de entonces.
Todo ha recobrado colores y vida
con la mirada concentrada, con la boca entreabierta.

Ha regresado la angustia de días lejanos
cuando un inesperado e inmóvil estío
de colores y tibiezas emergía ante las miradas
de aquellos ojos sumisos. Ha regresado la angustia
que ninguna dulzura de labios abiertos
puede mitigar. Se cobija, fríamente,
en aquellos ojos, un inmóvil cielo.

Era tranquilo el recuerdo
bajo la luz sumisa del tiempo, era un dócil
moribundo para quien ya la ventana se aniebla y desaparece.
Se ha quebrado el recuerdo. El apretón angustioso
de la leve mano ha vuelto a encender los colores,
el verano y las tibiezas bajo el vívido cielo.
Pero la boca entreabierta y las miradas sumisas
no dan vida más que a un duro, inhumano silencio.