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domingo, 10 de junio de 2012

Dificultades...

Qué difícil resulta educar a otro ser... y más si es humano.

He descubierto que el amor no basta. Ni las buenas intenciones. Ni el dedicar mucho tiempo, ni el trabajar como locos para aportar lo necesario en cuestiones de alimentación, vestido y cultura.

Hoy me siento con ganas de rendirme. Ya no sé qué hacer. Y temo torcer a esta personita.


lunes, 2 de abril de 2012

Anoche...

Ayer hubo cambio del horario, y salí del trabajo aún con luz. Caminé rápidamente acompañada por alguien que más bien me hizo sentir incómoda, así que hice por abstraerme.

Conforme avanzaba el autobús recordé aquellos primeros viajes que me parecían eternos hacia la casa que entonces estaba en construcción. Recuerdo una sesión de fotos ante los cimientos y las calles con algunos árboles y jardineras, los mismos que anoche vi rodeados del gris de las obras del metro. Entonces recordé a mi papá: La infinidad de veces que dijo que era necesario que hubiera metro para llegar más pronto a cualquier lugar, y mi ensoñación ante sus palabras tan rotundas. Desee con toda la energía que aún me quedaba que hubiese una máquina para comunicarse con los muertos y entonces decir: "Clayito, al fin sucede, debes venir a mirar que ya falta poco para que podamos hacer nuestro primer viaje juntos en el metro a casa". La última vez que viajamos fue seguramente, cuando sentía que el mundo se me venía abajo, aquellos días en que el arrepentimiento y el dolor me hicieron sentir más rencor ante sus palabras que eran todo lo opuesto a balsámicas...

Y quedé con la promesa de llevarlo a Chiapas con mi salario...

Seguí recordando y lamentando que el tiempo sea insuficiente para disfrutar a quienes queremos, o que quizás sí lo sea, pero no sabemos administrarlo correctamente.

Y esto último me hace pensar en Ana una vez más. En el poco tiempo que la veo y en el ínfimo tiempo que puedo dedicarle, a ella que siempre se ha caracterizado por dar todo de sí a los demás, ella, la que mejor me conoce, y que siempre está...

Y ya lloré...

Miro a través de la ventana y las ramas de las jacarandas se mecen con el viento, luego el pasto, la gente que pasa, el andador, el cerco que limita el jardín y más allá los autos que corren a toda velocidad hacia no sé dónde. Aquí dentro, la gente lee, algunos más platican y ríen, atrás se escuchan las voces de algunos niños, el sonido adormecedor de las fotocopiadoras y el trapeador de la señora que limpia el piso.

Anoche llegué tarde y no me gusta la casa vacía. Extraño infinitamente al hijo cuando no está y también un poco a M cuando quiero creer que funcionará. Pero nada pasa. Y pasan por mi mente nombre ya casi sin rostro; las asociaciones son extrañas: un nombre es rugido; otro un pulgar ancho; otro un viaje en el metro con sinceridad extrema e inusitada; uno, olor desagradable y excelente comida; otro, carcajadas graves; y hay una discusión sobre extraterrestres que ya carece de nombre y rostro. Y todos ellos se van diluyendo mientras escribo y me pregunto cuánto daño pude hacer en cada uno, y cómo influyeron en quien soy ahora, y sobre todo, ¿Qué será de ellos? ?Qué de todo esto contaré a mi sol?




domingo, 13 de noviembre de 2011

De las cosas que obligan a reconsiderar nuestra manera de vivir...

Me parece que estos han sido los días más difíciles del año. Todo se vino de golpe: los dos trabajos, el posgrado, la negativa de licencia, los problemas en la escuela, los desvelos, la computadora con sus virus, mi sol de paseo, la soledad, el estar con alguien sin amarlo, el (quizás) amar a alguien sin estar con él, las deudas, la casa sin agua, las fallas con la luz, los amigos y sus problemas, y su poca disposición de escuchar los de alguien más, el poco tiempo...

Hace tiempo, mientras esperaba que me atendieran en el laboratorio, vi un stand en el que hacían una prueba para detectar la Hepatitis C, y por hacer tiempo, decidí aplicar. Me dijeron que el resultado era positivo, pero que debían tomar otra muestra de sangre para hacer un mejor estudio, y que me llamarían en algunas semanas. Pasaron más de dos meses y no recibí la llamada, así que olvidé el tema.

Esta semana llamaron y me dijeron que debía ir a recoger resultados al hospital con una gastroenteróloga. Al otro día fui y la tal doctora no estaba. Por la noche volvieron a llamarme, pidiendo que fuera lo más pronto posible a recoger los resultados. Entonces sí que me asusté, y sin pensarlo, comencé a reconsiderar mi forma de vivir, a planear cómo hacer para no dejar desamparado a mi solecito, cómo hacer para dedicarle el mayor tiempo posible, para mostrarle lo hermoso del mundo, para hacerlo madurar deprisa. Pensé en mi papá y su forma de educarme, y recordé que siendo aún una niñita me dijo con dureza que quería hacerme auto-suficiente porque él podía morir cualquier día por la diabetes. Al fin comprendí su miedo y dolor, y los sentí propios al imaginar que probablemente no vería crecer a mi hijo...

Y mi hijo estos días tan dolorosamente lejos...

Al otro día fui al hospital y parecía que me esperaban en la puerta del consultorio. De inmediato me hicieron entrar. El hombre que estaba dentro me invitó a sentarme y dijo que iría en busca de la doctora para que interpretara los resultados de la prueba. En mi mente pasaban pensamientos como el vender la casa, comprar un seguro de gastos médicos mayores, un departamento cerca de la universidad y la (aún) familia, una cuenta de ahorros para que Leo siga estudiando, cómo comunicar a los demás el diagnóstico, renunciar a un trabajo y viajar mucho...

La doctora llegó, leyó la hoja de resultados, y me dijo que todo estaba bien, que por alguna razón la prueba anterior había dado positivo, pero que en ésta no habían detectado nada anormal, que estaba sana y un "disculpe usted por la preocupación que pudimos generarle". De inmediato me tranquilicé y agradecí la atención.

Y salí corriendo de vuelta al trabajo sin poder externar todas estas emociones...

Lo que es cierto, es que este evento me ha hecho reconsiderar mi forma de vivir, y más en estas horribles semanas en que no tengo más tiempo que para trabajar. No vivo, sólo soy una autómata que produce para que algún desconocido se enriquezca, y mientras, mi Sol, (recién lo hago consciente), la persona más importante en mi existir, está lejos por lo mismo. Y la vida es frágil, en cualquier momento puede apagarse, y hay miles de cosas por hacer, sueños qué realizar, lugares por conocer, colores y formas por mostrarle a mi niñito...

Aún no sé qué haré, pero es seguro que debo modificar mucho. Y vivir con plenitud por el tiempo que me toque hacerlo. Y dar mucha luz.