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domingo, 11 de enero de 2015

Merxus

Fue hace miles de años, en una galería underground de la ciudad, a la que llegamos por invitación de no sé quién amigo de D. Había tanta gente que era imposible ver las cosas expuestas, y aún peor el conseguir alguna cerveza entre la multitud arremolinada hacia la mesa de bebidas. Y así, en medio de ese caos, noté esa presencia: una mirada que me seguía, un cuerpo que se perdía para luego aparecer a algunas mesas delante de mi... Y así pasó un tiempo considerable, hasta que hubo espacio para apreciar las piezas y poder dejar en el piso las bolsas. Fue entonces cuando me abordó, sugiriendo que podía verificar que no desaparecieran nuestras cosas mientras seguíamos mirando. Luego comenzamos a hablar y una energía indescriptible nos invadió, fueron unas ganas de seguir hablando de cualquier cosa, de penetrar en los rincones más oscuros de nuestros seres. Recuerdo haberme despedido sintiendo una infinita emoción y con la certeza de que volveríamos a vernos. 

Y así fue. No recuerdo cuántos días pasaron y cuántas veces volvimos a coincidir. Pero sí recuerdo una película musicalizada en vivo, recuerdo una larga velada bebiendo café y hablando, recuerdo mi cuerpo temblando de gusto y recuerdo no haber dormido esa noche por la energía que me dejó el habernos despedido con un cálido abrazo antes de que subiera al transporte que me llevaba a casa.

Ya olvidé qué pasó después, pero lo cierto es que nunca hubo nada más allá de ese abrazo y creo que luego me escribió diciendo que había dejado la ciudad y que yo había tenido algo que ver en esa decisión. Tiempo después me contó que se casó y que vivía en Canadá. Luego en Londres. Mientras vivía allá vino a visitar a su familia y nos volvimos a encontrar: Esta vez fue la presentación de un disco, una emoción semejante, mucho gusto de saber que estaba haciendo realidad sus proyectos, y otro abrazo que pudo ser más, pero preferí guardar ese recuerdo suyo, el de la energía que generábamos con solo mirarnos.

Después, seguimos escribiéndonos ocasionalmente, y cuando vine acá, pensé en avisarle para poder verlo, pero descubrí que todas sus cuentas estaban eliminadas. Y como lo único que sé de él es que vino del planeta Merxus, no sé cómo localizarlo. Sólo espero que esté muy bien y que siga diseñando y creando con tanto entusiasmo. 

Un abrazo hasta donde estés...!




viernes, 26 de octubre de 2012

La caja de Pandora


Ayer buscando fotografías para poner en la ofrenda para mi sol, abrí ese baúl empolvado que concentra cientos de imágenes que recrean el pasado de mi familia. Rostros sonrientes, fiestas, cuerpos sanos, perfectos, lugares lejanos, mis primeras tomas fotográficas, los objetos, las mascotas, los colores, y entre todo ello, escritos de hace casi 20 años, en los que las amigas de entonces hablan de pactos eternos, en los que me describo en esta misma casa y ansiosa por estar en cualquier otro lado menos rígido. Los recuerdos se agolparon compitiendo por ser acariciados en mi memoria que quedó sumamente sensible y receptiva.

Hacia la medianoche me dispuse felina a relamer rastros de aquello que escribí con puntos suspensivos para disfrazar una huida defensiva, y descubrí que son heridas compartidas y aún vivas, quizás no percibidas en lo cotidiano, pero no por ello menores.

Sugerí un encuentro para saldar esa deuda y probablemente no es el momento, aunque la suya haya sido una respuesta espejo de mis últimas palabras de aquél tiempo. Quizás falta madurar todavía más y vivir en otras circunstancias. Lo cierto es que simplemente pretendí expresar una sincera apología.


miércoles, 8 de junio de 2011

Sueños...

Era la noche previa a una salida multitudinaria a algún balneario. No había camas ni cobertores suficientes. Entre tanta gente, apareció totalmente desnudo el primer hombre que me aceleró las hormonas, ese de lindos ojos, el del mundo del teatro, el del primer beso... Y al verlo, le busqué sitio en alguna cama. Pasó por mi mente acostarme a su lado, muy cerca. Pero no, le puse un cobertor encima, por aquello del frío, y fui a otra cama a dormir.

jueves, 2 de junio de 2011

"Sensación en bonito"

Curioseando, me encontré con el blog de un contemporáneo compañero de lucha, y aunque nunca tuvimos una gran conversación, hoy, con sus escritos, me he sentido identificada completamente. Fue como encontrar un espejo de las ojeras de Talita, claro que con sus propias experiencias y reflexiones, pero me ha dejado esta "sensación en bonito", este sentirlo mi amigo, aunque hace como dos años que no lo veo y sigo en deuda con él por el préstamo de documentos para titularme y también tenemos pendiente el armar esa exposición... bien hecha.

Gracias JJ por hacerme una gran sonrisa este día!!!


jueves, 24 de marzo de 2011

Recuerdos...

Anoche recordé aquellos tiempos en que semidesnuda subía a la azotea y miraba el cielo, esperando hallar respuestas. Pasaba horas interrogando a la luna, la madre... Y recordé mi primer nuevo nombre tan lleno de significados. Y recordé ése, mi primer viaje sola, recordé el aroma de Taxco, las dulces palabras de Galeano que me acompañaron todo ese fin de semana, la música que por primera vez pude sentir de forma absoluta, los colores, la luz, las texturas, los juegos...

Anoche, semidesnuda, subí a la azotea y miré el cielo buscando repuestas, buscando consuelo, buscando el abrazo de la madre luna que no apareció y volví helada, con los ojos congestionados y colmada de recuerdos de esos primeros meses de 1997.


martes, 15 de marzo de 2011

¿A quién enterraste?

Hace un par de semanas la Catrina vino por el padre de una de mis compañeras de travesuras de la secundaria. Tuvo por nombre Mario y campesino de oficio vivió creo que muchos años pues las canas y arrugas así lo indicaban...

Por alguna extraña razón ese personaje de mi pubertad siempre estuvo presente durante los años que llevo vividos, aún cuando terminando la secundaria me alejé casi por completo de aquí durante unos catorce años.

Recuerdo que hace algunos meses me platicaba con toda jovialidad de cómo en su juventud se iba a los salones de baile y aprendía de pasos y ritmos y de cuánto le gustaba bailar. Y cómo olvidar esa enorme sonrisa mientras me decía que se proponía enseñarme a bailar, mientras bailaba en las fiestas.

La última vez que lo vi, tan sonriente como siempre, estaba montado en una bicicleta y recargado en un árbol hablando con su hermana Efigenia.

Días después corrió la noticia de que lo llevarían al hospital... Y esa misma noche me encontré en su casa, esperando a llevaran su cuerpo para despedirlo.

Duele ver el dolor ajeno, duele no saber qué decir, no tener las palabras para consolar, duele la certeza de que pocas veces damos todo lo que quisiéramos a los demás -como si fueran eternos y tuviéramos tiempo para dar amor a cuentagotas-, duele la muerte, la vida que se lleva y el llanto que deja...

En realidad esta fue mi primera vez en un funeral. Y aunque estuve presente en los funerales de mi abuelita, de mi padre, de otra gente cercana a la familia, nunca antes había experimentado de la mayor parte del ritual, ni había comprendido su significado. Y yo, que pocas veces externo mis emociones, lloré y lloré como si ese hombre fuese tan cercano. Lloré porque recordé esos años en que me definía, esos años en que mi padre fue mi verdugo, esos años en que decidí dejar la casa con tal de no sentirme tan agobiada. Lloré por mi papá, por mi abuela.... por la gente que amo aunque esté tan lejos y a la que he preferido mantener a la distancia ya sea por seguridad o por cobardía. Lloré porque comprendí cuán frágil es nuestra vida y lo rápidamente que nos acercamos a la muerte. Lloré por esa gente mía que conocí en su plenitud y que ahora está tan próxima a la vejez. Y lloré...

Y esa mujer que tan bien me conoce sólo atinó a preguntarme. ¿A quién enterraste?




miércoles, 9 de marzo de 2011

Sueño...

Vago el recuerdo, pero fue el volver a un lugar en el que seguramente hace más de diez años fui feliz, y era por trabajo (¿en qué más pienso ahora si no en eso?), todo indicaba que sería excelente, así que decidí mudarme para allá... y llevé todos los triques significativos. Comencé por instalar la cama, y luego la cocina. Hecho esto decidí recorrer bien el lugar y descubrí que todo seguía igual: la gente era más o menos la misma, o al menos tenían la misma actitud desinteresada ante todo, y no había nada firme: ni techo, ni proyectos; había mucha basura, mucha inseguridad y sentí angustia. Renuncié de inmediato, pero no sabía qué hacer ahora con todo lo que dejé y todo lo que llevé conmigo y que ahora no sabía cómo regresar a su sitio original. Y el mayor símbolo de toda esa decadencia fue un alguien (que mucho marcó en mi hace una década), que apareció en mi sueño, siguiendo mis pasos, hasta en mi cama aún no del todo instalada. Ese alguien me provocó escalofríos, repugnancia, horror y me ayudó a despertar.

¿Alguna señal más clara?


martes, 11 de enero de 2011

domingo, 2 de enero de 2011

Tengo el corazón contento...


Hablando en el chat con un amiguito que conozco sólo por ese medio, me preguntó cómo ando... y de inmediato escribí que con el corazón contento y recordé esta cancioncita que es inmenso referente de mi familia materna. Cada que salía con mis primos y tíos, en conjunto la cantaban, y lo hacían con tanto gusto que al cabo de unas cuantas salidas me la aprendí y la canté con ellos. Y a pesar de tantos años transcurridos y la aún dolorosa ausencia de Ulises, me trae lindos recuerdos de infancia y aventuras multitudinarias.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Las ausencias...

Hoy se cumplen 5 años.

En 2004 seguramente estaba preparándome para ir al trabajo, estaba también por decidir dejar todo lo que hasta entonces tenía trazado como objetivos y rutinas para volver a casa y asumir la responsabilidad de cuidar de la grave enfermedad de mi padre. Recuerdo lo mucho que me costó tomar esa decisión... Sólo que fue tarde. Lo última vez que hablé con él fue gracias a una llamada telefónica que me hizo al trabajo. Me dijo que necesitaba conseguir que alguien me acompañara a su casa para llevarlo al médico porque no se sentía capaz de conducir; estaba muy mal. Sólo le aseguré que encontraría alguna solución y que a la noche siguiente lo vería. Durante las últimas semanas procuré decirle un -te quiero- cada que hablábamos, pero esta vez no lo hice, estaba muy enojada por su actitud, por las cosas que debía dejar, por lo que vendría, por sus chantajes y por mi egoísmo...

Esa noche del 15 de noviembre no dormí y pensé y decidí y cambié de actitud: sería una buena hija desde entonces. A la noche siguiente llegué a casa y nada tuvo sentido. Simplemente me quedé anonadada y mirando...

Muchas cosas han cambiado en este tiempo transcurrido, y hay muchas cosas que he comprendido y valorado de mi padre; y muchas tantas otras que desconozco de él, que para mí siempre fue recto, estricto, inescrutable, duro...

Y sigo extrañándolo...

Tenía tantas ganas de ir este día al Nevado de Toluca para hablar, decir cuánto ha pasado, sentirme abrazada por esa esencia tan fría y acogedora de ese mágico lugar... Pero no se pudo y entonces escribo y enciendo una veladora a la usanza de la familia, y recuerdo y en un rato seguiré con la remodelación de este espacio tan suyo.

Hace poco, en un sueño, me dijo que podía cambiar las cosas en casa, con la condición de que lo dejara en su dormitorio. Creo que he cumplido con ello: ahora sus libros, sus apuntes, sus cartas, sus medallas ocuparán ese espacio: será el estudio.


Mi solecito ya estrenó una habitación para él solito, yo me cambié a la que tiene una pequeña vista al jardín, y los muebles y las cosas andan por todos lados en espera de un nuevo sitio que ocupar. Los muros conocen los colores, luego de haber pasado toda su existencia pintados de blanco; los árboles secos han sido derribados (y vaya que lloré al ver caer el pino más alto)...

Y sí, ya sé que falta una conclusión, pero esa vendrá más tarde.


lunes, 7 de septiembre de 2009

Para remodelar se necesita permiso

Estos días he estado sintonizada con el tiempo: nublado, lluvioso, frío y por ratos soleado; he dormido más de lo normal y a horas anormales; he soñado mucho y raro; he comido poco y sin hambre; y he querido escribir mucho y hasta ahora finalmente me animo a hacerlo sólo para hablar acerca de los vagos recuerdos que quedan del sueño que tuve este mediodía.

Eramos mi abuelita, mi papá y yo. Ibamos en la paloma camino a Tenango del Valle para visitar a la familia y dejar a mi abue para que pasara ahí algunos días. Del regreso sólo recuerdo la carretera con el campo todo verde de pastizales y el sonido abrumador del motor; nada más.

Ya estando en casa, recuerdo haber visto la noche desde el zaguán rojo y luego entrar directo a la sala para sentarme en el incómodo sillón de toda la vida y hablar por teléfono con algún personaje que parecía importarme mucho en el sueño. Enseguida entró mi papá enorme y con actitud imponente y me atreví al fin a decirle que tengo ganas de tirar parte de los muros de dos habitaciones que están clausuradas desde hace varios años. El papá primero se enojó mucho y dijo que no; se hizo un gran silencio mientras él se asomaba al dormitorio. Yo apelé con timidez a la falta de espacio, a que mi solecito necesita un lugar sólo suyo y también le comenté que como lo planeo, no afectaría mucho la estructura. Sorprendentemente él dijo -Está bien. Pero no quiero dejar este cuarto; extraño mucho a tu abuela-. Y fue justo en ese momento cuando recordé que ambos ya no están. Ella murió hace 12 años; él hace casi 5... Y desperté.

Y desperté con la sensación de que tengo la autorización para modificar cosas en casa y también de que debo pronto ir al Nevado de Toluca y a Tenango para hablar de lo que ha sido de nosotros estos años sin ellos. Es extraño sentir y escribir todo esto, pero es muy fuerte...


lunes, 27 de julio de 2009

Vías de luz (2003)

Sabía que siguiendo las vías llegaría a donde tu casa
paso a paso, durmiente a durmiente por la vía de luz.
Y doblando aquella esquina, a dos faros a la izquierda
estaría el portal que crucé contigo nuestras tantas veces.

Sabía que al llamar a tu puerta aún siendo madrugada
te escucharía venir y contaría tus pasos, uno, diez…
y tendría tu sonrisa, tu mirada pequeña y ese tu abrazo
y esa mi soledad esperaría afuera hasta el amanecer.

Y sabía que podría perderte por mis ausencias
y sabía que podría quererte por tus presencias
cuando las vías de luz unían nuestras distancias.

Los durmientes siguen ahí, mas ya no los pasos,
las vías, la esquina, los dos faros, mas ya no la luz,
la soledad esperó afuera y pacientemente me encontró.