Quien ha visto la Esperanza, no la olvida. La busca bajo todos los cielos y entre todos los hombres. Y sueña que un día va a encontrarla de nuevo, no sabe dónde, acaso entre los suyos. En cada hombre late la posibilidad de ser o, más exactamente, de volver a ser otro hombre.
domingo, 12 de julio de 2009
El segundo
Noche con luces verdes, azules y rojas
nada más acá
y tus ojos expectantes
y los gatitos siempre jugando
pero pasa pronto el tiempo
me gusta que pase pronto
pero no siempre
es que suelo querer más,
y perderme...
¿me pierdes? ¿nos perdemos?
perdidos entre líos absurdos
lo que pienso que son absurdos
o zurdos?
¿o neutros?
con limón seguro que saben mejor
o agridulces con cáscaras de limón rallado
y con un cálido abrazo tuyo
mexicano, mexicanito ven y dame tus brazos
mexicano, argentino... hombre, ven!
con dulces y flores, con vuelos y velas
con tus ojos tristes
con esa sonrisita apenas que se asoma
con tu tacto y tu voz
con buñuelos y…
pambazos
¿conoces los pambazos?
quiero conocerte
y presentarte los pambazos
y mi mundo y mis pasos
y mi gata bonita y gorda...
y mis sueños y mis paisajes
y los perros de mis sueños y mis desvelos
hombre de mis desvelos, no te enojes si me ocupo
o me desocupo sin que estés...
aunque siempre estás
ay ay ayyyy en mi mente, no pasa minuto sin que te piense. Qué miedo, qué extraño, qué raro
qué celos, qué ganas, qué esperanzas!!!
Quisiera ser lo que esos muchos amantes quieren ser y tener, ser pájaro para volar hacia ti...
dormir entre tus brazos
soñar que estoy contigo y de verdad estar contigo. Despertar y tenerte.
todas la noches
Y si fuese pájaro, regresaría acá, y trataría de sostenerte en vuelo, enseñarte mi espacio y conocer juntos nuevos espacios
quiero tener una sola cosa clara
¿quieres volar conmigo?
yo quiero
comer nieve de chirimoyas contigo
tener la certeza de que eres tú
de que también respiras, que no eres un sueño
de que te quiero
no, eso es certeza: te quiero
que desaparezcan todos los fantasmas otros
y que te me aparezcas, tú mi fantasma
y digas buuuuu en mi oído
y no digas nada tampoco. Sólo quiero tomarte las manos y caminar
norte, sur, este, oeste...
o remar
arriba, abajo
allá, más allá
acá.. en nuestro acá
Aquí
Suspiro...
estos suspiros profundos que no se me acaban
Unos que otro llanto reprimido
y muchas sonrisas en la calle, caminando, que me salen de la nada, de ti, de tu recuerdo
entonces imagino tu mano apretando la mía
y tu calorcito
la energía emanando de ese pequeño espacio
eres como pastillitas de energía, te das en pequeñitas dosis. A veces me apetece una sobredosis
mi droga
empezando la adicción
la dicción?
creo que hablas bien.... rápido y lento. Te sabes llevar,
vocecita linda
¿me cuentas un cuento? "cuéntame algo"...
recuerdas ese primero de asesinos seriales y cuchillos?
¿el del futuro?
creo con eso me sedujiste
loquito
loco lindo
me estás pegando tu locura...
ayyyy...
Quiero escuchar música contigo... que cantes y bailes, que cierres los ojos
la serpiente que se muerde la cola
y la peli que no empieza
y tú que no apareces
esas horas que nos separan
dormimos juntos?
¿sí?
y te toca preparar el desayuno, el mate
y por fin el FIN
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Sísifo
Sísifo, Tiziano, 1548/49, Óleo, Museo del Prado
Desde hace algunas semanas he sido partícipe de una historia que a ojos propios y extraños resulta inverosímil dado que es extremadamente parecida a otra anterior experiencia de la que difícilmente pude salir y no sin montones de heridas. Y muy a pesar de similitudes, tantas señales de alerta, advertencias y hasta regaños, no he logrado darle fin.
Anoche leí en uno de mis blogs favoritos una entrada que pareciera reflejar lo que estoy viviendo durante este tiempo: "La misma piedra", que me hizo recordar también el mito aquél de Sísifo quien en la mitología griega era un personaje astuto y rebelde frente a los designios divinos. Fue él quien aprisionó a Tánatos, provocando que durante un tiempo los hombres no murieran; incluso, burló a Hades y logró volver desde el infierno a la tierra y vivir hasta una edad avanzada. Sin embargo, no logró salvarse del castigo final de Zeus, que lo condenó a empujar cuesta arriba eternamente una enorme piedra, que una vez en la cima, volvía a caer...
Y me pregunto si acaso seremos descendientes de aquél personaje...
Hay muchas dudas, muchas incógnitas y mucho por resolver.
sábado, 11 de julio de 2009
Dice el I Ching:
Declinación
33 - LA RETIRADA
Ch'ien, Lo Creativo, Cielo
Ken, Manteniéndose quieto, Montaña.
El poder de la oscuridad crece. La luz se retira a la seguridad para que la oscuridad no pueda dominarla. Esta retirada no obedece a un deseo del hombre sino a una ley natural. Se trata de la manera correcta de no agotar las propias fuerzas.
General: Muestra al hombre la forma de retirarse a tiempo y de modo adecuado. Mediante el eludir, no el huir, logra el hombre concentrar sus fuerzas para un avance posterior exitoso.
Para el Presente: Pasamos por una época en la que la retirada ha sido lo mejor que pudimos hacer. Hemos, de esta forma, eludido hacerle frente a cosas o personas cuyas fortalezas nos hubieran vencido. Pero retirarse no es de ningún modo huir. Retirarse es juntar fuerzas, a la distancia, para un futuro avance. Llega ahora, entonces, el tiempo en el que ese avance nos llevará a triunfar.
Mutación De "LA RETIRADA" hacia "EL ENCUENTRO"
Lo sujeta firmemente con cuero de buey amarillo. Nadie es capaz de arrancarlo.
Hay quienes ya han empezado con el proceso de retirarse. Se trata de una decisión sabia. Sin embargo aparece aquí un hombre de buenos sentimientos, que no suelta fácilmente a aquellos. Como es justo, logra lo que busca.
Nacimiento
44 - EL ENCUENTRO
Ch'ien Lo Creativo, Cielo
Sun Lo Suave, Viento.
El hexagrama indica una situación en que el principio de la oscuridad, después de haber sido eliminado, furtiva e inesperadamente retorna para obstruir desde dentro y desde abajo. Por su propia decisión el principio femenino va a reunirse con el masculino. Se trata de una situación desfavorable y peligrosa que debe comprenderse pronto para prevenir sus posibles consecuencias.
General: Muestra al hombre como, no otorgándole poder a los vulgares, se evita el peligro apenas éste se visualiza. Mediante una minuciosa discriminación de las relaciones personales, el hombre logra sobreponerse a las malas influencias.
Para el Futuro: Ingresaremos a una época en la que nuestras relaciones deberán ser cuidadosamente consideradas. Sobre todo aquellas nuevas, y que se nos brindan abiertamente. No deberemos confiar en casi nada de lo que se nos acerque en épocas como esta. Si embargo, manteniendo nuestra lealtad para con nosotros mismos, lograremos que nuestros asuntos triunfen.
miércoles, 8 de julio de 2009
martes, 7 de julio de 2009
Perdida...
Durante las últimas doce horas he tenido muchos ratos de lagrimeo: Primero por algunas escenas dramáticas, emotivas, amorosas en una peli que Sur me recomendó, luego por mi solecito que anda de rebelde, luego porque sí, porque los recuerdos de repente salieron a flote y me dijeron -mira, aquí estamos, no nos has superado-, asunto que movió mi centro.
¿Será cuestión hormonal?
Eso espero...
lunes, 6 de julio de 2009
Cadáver exquisito
Una larga, larga noche que se hizo día
esperando como siempre
pero algo pasó que pasó más que advertida
no supe ni qué, sólo pasó, sólo pensé en que
cada noche quise repetir el encuentro
y cada día, cada tarde hasta que volviese la noche de nuevo
y que al otro lado del mundo alguien esperara por mi
pero qué sabía yo si realmente me esperan, uno nunca sabe
sólo sabe que siente, y que siente mucho
eso lo sabe, me lo dice, me lo hace sentir, pero siempre queda la duda
¿habrá reciprocidad, causaré el mismo mariposeo?
¿sentirá esto que muero por decirle?
te quiero, te quiero, te quiero y te quiero conmigo
aquí cerquita, a mi lado, no a los miles de kilómetros, me choca eso
¿y a qué saben tus besos?
tus ojos, ¿de qué color son a la luz del sol?
y todo lo verde, lo azul, por ahí disperso…
por ahí, los colores que fluyen cuando platico contigo, colores, colores, formas y texturas
¿5 minutos serán suficientes?
supongo que no, nunca es suficiente, quiero más, horas, días, una vida
me da miedo, yo sueño, tu sueñas... pero ¿y si despertamos y no es real lo que creemos?
si no es real, a la ....... , ya veremos qué pasa, ya nos veremos y ya veremos
pero ya, que la espera asfixia
causa insomnio, cosquilleo, estás y no estás
y me adormece tu respiración y sueño bonito
esos sueños en los que apareces sin que yo lo pida (aunque lo pido siempre)
quiero tomar el tren hacia el sur
quiero atravesar el mar, o que tú ya lo atravieses, o que tomes el tren al norte
o que vueles o te tele-transportes
si existieran esas cosas de las que habla la ciencia ficción
si hubiera un mucho más de dinero y un poco más de decisión
si hubiesen los medios,
si no hubiesen miedos
miedos y medios, es que los hay y no los hay. Qué miedo, qué ganas...
qué todo
Esto, aquí y allá, lo que me dices, eso todo
sí, esa voz... esa forma tan tuya de nombrarme
las formas en las que te muestras, en las que a través de esta cosa tan fría llegas a mi
taca, taca, taca, taca...
sonidos de dedos y teclas, rápido más rápido que se me acaba el tiempo
tirún, tirún, miaaau, miauuuu
y las risas de alguien más, todo eso que es tu mundo que quiero vivir
conocer todo, desde tu olor hasta el color de la puerta
pasando por las plantas que no sé si te gusten
los ladridos...
en fin, todo eso que me cuentas, que ya siento que lo conozco, ¡pero no!
y vuela la imaginación...
vuelo hacia ti... vuelas a mi, volamos, yo vuelo, tú vuelas, verbos y más verbos
¿y las acciones?
de nuevo los medios. Me urge tomar ese tren. Las acciones vienen después de eso, del tren o del avión o del barco o de la tele transportación.
de la mente, del corazón, de lo que quiero, de lo que puedo...
y de lo que dices que no puedes, porque también tienes miedo, se te nota, aunque no me lo dices,
seguir así o desencantarse... o ¿encantarse más?
qué dilemas, ya por favor, qué algo sea, lo que sea, encanto o desencanto, pero ya.
y esto que era para hablar de nosotras terminó hablando de ustedes, allá, al otro lado
como siempre, la mente y el cuerpo que quieren llegar a ti.
tirún, tirún...
tan-tan.
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domingo, 5 de julio de 2009
De la ausencia y de ti...
Ahora sólo me queda buscarme de amante
la respiración
No mirar a los mapas, seguir en mi mismo
No andar ciertas calles,
olvidar que fue mío una vez cierto libro
O hacer la canción
Y decirte que todo esta igual
la ciudad, los amigos y el mar
esperando por ti,
esperando por ti.
Sigo yendo a Teté semana por semana
te acuerdas de allá
Hoy habló de fusiles despidiendo muertos
Yo se que ella me ama
Es por eso tal vez que te siento en su sala,
aunque ahora no estás.
Y se siente en la conversación,
o será que tengo la impresión,
de la ausencia y de ti,
de la ausencia y de ti.
No quisiera un fracaso en el sabio delito
que es recordar.
Ni en el inevitable defecto que es
la nostalgia de cosas pequeñas y tontas
Como en el tumulto pisarte los pies
Y reír y reír y reír,
Madrugadas sin ir a dormir.
Si, es distinto sin ti.
Muy distinto sin ti.
Las ideas son balas hoy día y no puedo
usar flores por ti.
Hoy quisiera ser viejo y muy sabio y poderte decir
lo que aquí no he podido decirte,
hablar como un árbol
con mi sombra hacia ti.
Como un libro salvado en el mar,
como un muerto que aprende a besar,
para ti, para ti,
para ti, para ti.
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Las nostalgias,
Silvio Rodríguez,
X
miércoles, 1 de julio de 2009
El paraguas de Wittgenstein
1. Como la gente se conoce o no se conoce nunca, pero total a veces se enamora, suponte que la lluvia te reúne con una mujer debajo de un paraguas. Tú le dices: ¿Me permite? y ella, indecisa y sorprendida, sopesando los pros y los contras te contesta que no, que el paraguas es suyo y que te vayas. Suponte que obedeces y te alejas brincando los charcos y que al cabo de una calle, dos calles, tres calles encuentras un techito para guarecerte y que ahí, precisamente ahí, se oculta el asesino que estaba escrito habría de matarte y que te sale al paso con aquello de la bolsa o la vida, y tú respondes que la vida, porque estás empapado y sientes frío y ganas de morirte o de pedir una taza de café muy caliente, pero como en ese zaguán no hay servicio de cafetería, pues te atraviesa con tremendo cuchillo y desde el suelo miras a tu asesino perderse con tu reloj y tu cartera detrás de la cortina de lluvia de la que sale la muchacha que no te quiso asilar bajo su paraguas, y cuando ella pasa: tú mueres.
1.1 Suponte que el cielo existe y que se te ocurrió morir a las seis de la tarde o, mejor, que tu asesino te haya matado a esa hora o, si lo prefieres, que el tiempo que todo lo coordina haya sincronizado con gran precisión los relojes para que murieras en tu país a las seis de la tarde sin que tú ni tu asesino anduvieran preocupados por la puntualidad. Si el cielo existe, a las seis y cuarto llegarías a sus puertas remolcado por la columna de humo de alguna chimenea próxima al sitio donde habría quedado tu cuerpo. Las puertas están abiertas de par en par, entras, caminas, buscas por uno y otro lado, pero no hay nada, no encuentras a nadie: El cielo es un hangar infinito, piensas y te pasa por la conciencia la imagen de la mujer que en mitad de la lluvia te negó la sombra seca de su paraguas.
1.1.1 Suponte que además de cielo, haya Dios: tu ascenso y llegada son los mismos, sólo que ahora encuentras un mostrador y, detrás del mostrador, un mayordomo de levita verde que te hace señas con su linterna de bencina para que te acerques. Das unos pasos y en el acto descubres en el verde chillón de la levita que el cielo no es lugar para ti, que a ti te corresponden otros pasatiempos: descifrar de por muerte las razones por las que esa mujer se negó a compartir contigo su paraguas, y otros asuntos por el estilo.
1.1.1.1 Suponte que haya Dios y que te está esperando, que cruzas la eternidad y el infinito que no son otra cosa que una fila interminable de salitas de espera, salas y antesalas de espera, y que al final, o lo que tú consideras el final, encuentras unos muebles como de cafetería, con sillones confortables de plástico azul, imitación cuero, y que tomas asiento convencido de que si Dios te aguarda: tú debes reunirte ahí con Él. Palpas el forro azul del sillón y tus antiguos hábitos te hacen desear una leche malteada; pero Dios, aunque te esté esperando, no llega y en su lugar, asociado por la malteada y el deseo, lo que viene a ti es el recuerdo de la mujer que en la lluvia te dijo: No.
1.1.1.2 Suponte que Dios llegue: el recorrido previo podría ser idéntico a excepción, claro está, del color de la levita del mayordomo, porque si Dios llega la levita tendrá que ser color obispo. Tú estás sentado en el sillón azul de plástico deseando una malteada y en ese momento llega Dios disfrazado de camarero y sobre una charola trae precisamente esa malteada que tú deseas; viene con corbata de moño y un higiénico bonete en la cabeza. Tú te levantas respetuoso y lo invitas a sentarse, Dios accede y le convidas un sorbo de tu leche, pero Él declina y te explica que acaba de comer, que te lo agradece pero que no tiene apetito. Tú retrocedes apenado: comprendes que fue impropia la manera confianzuda con la que le ofreciste el sorbo y, temeroso de haber cometido una imprudencia, preguntas si se puede fumar. Te responde que sí y hasta te acepta un cigarro. Tu mano tiembla por estar encendiendo fósforos humanos en la cara de Dios. Sin embargo, Dios aspira y comenta: Son buenos sus cigarros, ¿tabaco rubio? No, contestas sin darte cuenta de que corriges nada menos que a Dios, son de tabaco oscuro. Está menos procesado, ¿verdad?, dice Él, y tú contestas que sí, que se trata de cigarros baratos. Pues están magníficos, asegura Él. Tú aspiras el humo y piensas que no son tan buenos, pero no te atreves a decirlo. Dios mira a su derredor y hace un comentario a propósito del plástico azul de los asientos, algo acerca de que parece cuero. Tú le das la razón, Dios termina su cigarro y dice: Bueno, pues Yo, usted sabe, tengo que irme, ha sido un placer. Tú no atinas a decir nada y, cuando Dios se aleja por entre los sillones que parecen forrados de cuero azul, recuerdas el modo como tu asesino se alejó por la calle mientras llovía y la cara de la mujer que no quiso aceptarte bajo su paraguas.
1.2 Suponte también que no haya nada, que tú te mueres a las seis de la tarde porque la lluvia te obliga a buscar dónde protegerte y el techo hospitalario que te pareció inofensivo ocultaba al criminal que habría de matarte a resultas de que hubo una mujer que no quiso compartir su paraguas contigo. La chimenea soltaría al aire su bocanada sucia, la lluvia atravesaría el humo y lo bajaría al piso vuelto hollín, polvo finísimo mojado que el agua arrastraría junto con tu último suspiro hacia la alcantarilla. Al día siguiente tu cuerpo lavado por la lluvia sería encontrado: Un muerto, gritarían; pero tú no oirías nada, ni siquiera el sonido de la lluvia, ni los pasos de tu asesino, ni el no de la mujer que te excluyó de su paraguas; no oirías ni verías ni sabrías nada: nada de leches malteadas, ni de pláticas con Dios, ni mayordomos de levita, ni sillones que parecen de cuero. No habría nada.
2. Ahora suponte que abajo del paraguas ella te contesta: Sí, claro, acompáñame. Y tú, indeciso y sorprendido por haber repasado algunas consecuencias de su negativa anterior, comienzas a contarle que el "no" que te dijo en otro cuento te lanzó a las manos de un asesino y a unas pláticas con Dios y a una serie de hipótesis que ella festeja riendo, justo cuando pasan frente a la puerta donde está el asesino que espera que tú llegues chorreando para matarte; pasan de largo y, como la tarde está de perros y apenas son las seis, ella propone entrar en la cafetería que queda en la calle siguiente, la cual, por supuesto, tiene los sillones azules. Entran, se sacuden la lluvia que les perla la ropa, y ella pide una leche malteada y tú, un café.
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martes, 23 de junio de 2009
Con los pies en la tierra y el corazón en Caranday...
Me gusta, me gusta!
Es definitiva la sentencia.
Me gusta la voz, me gustan las imágenes, me gustan las palabras y lo que dicen esas palabras, me gustan los proyectos, me gusta la idea de los canelones, me gustan esos sonoros besos que aún no sé a que saben, pero seguro que me gustarán. Me gustan las ojeras, y más sin son compartidas. Me gusta ese tener sueño y no querer irse. Me gusta ese verde que te quiero verde...
Pero lo que más me gusta es que no sólo me gusta.
jueves, 18 de junio de 2009
Lo perdido
¿Dónde estará mi vida, la que pudo
haber sido y no fue, la venturosa
o la de triste horror, esa otra cosa
que pudo ser la espada o el escudo
y que no fue? ¿Dónde estará el perdido
antepasado persa o el noruego,
dónde el azar de no quedarme ciego,
dónde el ancla y el mar, dónde el olvido
de ser quien soy? ¿Dónde estará la pura
noche que al rudo labrador confía
el iletrado y laborioso día,
según lo quiere la literatura?
Pienso también en esa compañera
que me esperaba, y que tal vez me espera.
haber sido y no fue, la venturosa
o la de triste horror, esa otra cosa
que pudo ser la espada o el escudo
y que no fue? ¿Dónde estará el perdido
antepasado persa o el noruego,
dónde el azar de no quedarme ciego,
dónde el ancla y el mar, dónde el olvido
de ser quien soy? ¿Dónde estará la pura
noche que al rudo labrador confía
el iletrado y laborioso día,
según lo quiere la literatura?
Pienso también en esa compañera
que me esperaba, y que tal vez me espera.
Soy
Soy el que sabe que no es menos vano
que el vano observador que en el espejo
de silencio y cristal sigue el reflejo
o el cuerpo (da lo mismo) del hermano.
Soy, tácitos amigos, el que sabe
que no hay otra venganza que el olvido
ni otro perdón. Un dios ha concedido
al odio humano esta curiosa llave.
Soy el que pese a tan ilustres modos
de errar, no ha descifrado el laberinto
singular y plural, arduo y distinto,
del tiempo, que es de uno y es de todos.
Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.
que el vano observador que en el espejo
de silencio y cristal sigue el reflejo
o el cuerpo (da lo mismo) del hermano.
Soy, tácitos amigos, el que sabe
que no hay otra venganza que el olvido
ni otro perdón. Un dios ha concedido
al odio humano esta curiosa llave.
Soy el que pese a tan ilustres modos
de errar, no ha descifrado el laberinto
singular y plural, arduo y distinto,
del tiempo, que es de uno y es de todos.
Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.
domingo, 14 de junio de 2009
Telegramas
Una esperanza cambió con su hermana los siguientes telegramas, de Ramos Mejía a Viedma:
OLVIDASTE SEPIA CANARIO. ESTUPIDA. INÉS.
ESTUPIDA VOS. TENGO REPUESTO. EMMA.
Tres telegramas de cronopios:
INESPERADAMENTE EQUIVOCADO DE TREN EN LUGAR 7.21 TOMÉ 8.24 ESTOY EN SITIO RARO. HOMBRES SINIESTROS CUENTAN ESTAMPILLAS. LUGAR ALTAMENTE LUGUBRE. NO CREO APRUEBEN TELEGRAMA. PROBABLEMENTE CAERÉ ENFERMO. TE DIJE QUE DEBIA TRAER BOLSA AGUA CALIENTE. MUY DEPRIMIDO SIÉNTOME ESCALON ESPERAR TREN VUELTA. ARTURO.
NO. CUATRO PESOS SESENTA O NADA. SI TE LAS DEJAN A MENOS, COMPRA DOS PARES, UNO LISO Y OTRO A RAYAS.
ENCONTRÉ TIA ESTHER LLORANDO, TORTUGA ENFERMA. RAIZ VENENOSA, PARECE, O QUESO MALAS CONDICIONES. TORTUGAS ANIMALES DELICADOS. ALGO TONTOS, NO DISTINGUEN. UNA LASTIMA.
De Historias de Cronopios y de Famas
jueves, 11 de junio de 2009
Cenicienta se va a las 11
Estoy acelerada, confundida, y divagando en exceso.
Y extrañando montones...
Y las noticias que nomás no llegan.
sábado, 6 de junio de 2009
Aventura de viernes
Es probable que alguna vez le haya sucedido el llegar a fin de semana con apenas unos cuantos e insuficientes pesos en la bolsa, así que seguro conocerá ese estado en que se encuentran las personas ante tal situación. Y es justo con esta sensación que comienza la historia de este viernes.
T pasó toda la mañana pensando qué podría hacer para conseguir un poco de dinero que alcanzara hasta el día de pago en el trabajo y recordó que aún no cobraba la beca, así que se dispuso a hacer a un lado los compromisos y correr a la oficina donde le darían el cheque en cuestión; llegó en el último momento antes del cierre de ventanillas y pudo conseguirlo. Luego fue al banco y al fin obtuvo el dinero que serviría para pagar la cuenta del teléfono y comprar comida para los días siguientes. T se sintió aliviada. Sin embargo, un impulso la llevó de inmediato con rumbo a la oficina de teléfonos. El día estaba plenamente soleado y había mucho por caminar.
Cuando llegó escuchó el rumor de que se había caído el sistema y que habría que esperar -no se sabe cuánto tiempo- para poder hacer los pagos. Una mirada al reloj y el desconcierto ante lo pronto que se había hecho tarde. Luego la resignación. Lo único que quedaba era dejar ese pago para otro día y encaminarse hasta el punto donde habría de ver a L.
Pero ocurrió que T con sus eternas prisas, se dispuso a guardar los billetes mientras caminaba presurosa hacia la salida de aquél lugar. Y justo en el momento en que éstos debían fijarse debajo del seguro en la cartera, un fuerte viento se llevó consigo uno de aquellos billetes (y de 200 tenía que ser), y lo depositó justo entre las bardas divisorias entre la oficina de teléfonos y la universidad. Aquél papelito se dejó caer lentamente sobre montones de basura que seguramente llegaron a ese sitio gracias a ventarrones como el que acababa de pasar.
El problema era mayúsculo: la separación entre las bardas era de cuando mucho unos diez centímetros y la profundidad donde se depositaron basuras y billete de aproximadamente tres metros.
T se burló de su suerte, consideró dejar ahí el billete e irse pero pensó en la gran falta que le hacía y enseguida miró alrededor con dos objetivos: 1. buscar algún alambre que pudiera llegar hasta el billete y 2. detectar a la gente que estaba cerca del lugar y que podría aprovecharse de la situación, si es que ella se distraía en su búsqueda. Lo primero que decidió fue no alejarse de ahí, así que determinó valerse de una enredadera que por ahí pasaba y de un coqueto pasador azul que rara vez usa en el cabello. Elaborado el instrumento de rescate apostó a su certero pulso y emprendió la exploración ante algunas miradas curiosas.
Con suma cautela condujo el pasador entre las bardas de piedra volcánica hasta que tocó el billete, e intentó valerse de los dobleces que éste tenía para asegurarlo, pero luego de varios intentos sólo consiguió moverlo hacia una postura menos conveniente para un rescate. T se incorporó un instante para armar una nueva estrategia, y fue en eso que pasó A, personaje desconocido de unos sesenta y tantos años que regresaba de hacer su pago en la oficina y sólo dijo "¿y qué se le perdió?"
-Un billete, señor-, contestó T acongojada, y mirándolo avanzar indiferente hacia la salida.
T retomó su tarea y al poco tiempo pasaron B y C hacia la oficina. Como T y B son compañeras de trabajo, T tuvo una mínima esperanza de que sería socorrida, pero luego de contarles que el sistema se había caído en la oficina por lo que no pudo pagar, de la prisa que tenía y del ventarrón que llevó el billete hasta aquél inaccesible rincón, B se quedó parada enfrente un instante y luego prefirió desearle suerte a T y marcharse de regreso junto con C.
Aquel pedazo de enredadera se trozó por la mitad durante uno de los tantos intentos por sujetar el billete y hubo que buscar otro segmento de semejante longitud para continuar con su búsqueda. Justo en eso pasó E, quien luego de investigar lo que pasaba, fue hacia la oficina y le pidió al guardia que viniera en ayuda de T. Mientras eso sucedía, F, quien había estado presente desde el principio, sentado sobre una de las bardas a unos cinco metros, pero ajeno al suceso, decidió acercarse y ofrecer ayuda, y sin más arrebató el instrumento de rescate a T, quien se puso un tanto más aprensiva, por aquella costumbre suya de siempre tener el control de las cosas. F, en definitiva no tenía tan buen pulso como T, pero asumió con seriedad esa actitud caballeresca de defender a toda doncella en apuros. En seguida E y el oficial (O), volvieron. E se despidió deseando suerte y comentando lo ridículo que es perder de modo tan absurdo un billete de 200 pesos justo en este tiempo en que el dinero no alcanza para nada. Y se fue.
O volvió trotando a la oficina para conseguir algunos clips que ayudaran a sujetar el billete mucho mejor de lo que podría hacerlo el pasador. Volvió con toda celeridad y una estructura de clips a modo de arpón además de un rollo de cinta canela para sujetar su invento a la enredadera.
Fue hasta entonces que T se puso en papel de espectadora y se sentó sobre la barda mientras observaba a F y O pegar cinta canela en su lindo pasador y pasando sus dedos por toda la superficie de la cinta, asunto que la tenía más que escéptica, pero al fin divertida con el suceso.
La seriedad de F se hizo más evidente y siguió intentando aprehender el billete. Muchas veces consiguió tocarlo con la cinta, pero nunca se pegó a ella.
T sentada sobre la barda miró que desde la oficina salía D junto con M. D es una persona clave para los actuales intereses académicos de T, así que no podía dejar pasar la oportunidad de hablar con él, aunque fuera en esta cómica situación. Así que tan pronto los vio acercarse los saludó y enseguida se dio el siguiente diálogo:
-Se me cayó un billete, ¿puedes creerlo?- dijo T.
-¿Y de cuánto es?- preguntó M.
-De 200- respondió tristemente T.
-Uy, 200, son 200- enfatizó M.
-Un cuate, una vez en una peda fue al baño porque se estaba cagando. Entonces se le cayó una moneda de a peso en la taza- Dijo D, ante la mirada expectante de todos, y continuó: -Entonces sacó su cartera, tomó un billete de cincuenta pesos y lo echó también y sacó las dos cosas de la taza-.
-Guácala- Fue la respuesta general.
D, tan elocuente como es su costumbre, optó por cambiar de tema, y comentó a T que la ha buscado para regalarle un libro de Rodrigo Moya, fotógrafo que gusta mucho a T, así que T aprovechó y sugirió intercambiar números telefónicos para que pudieran ponerse de acuerdo y verse en los próximos días. Y luego de hacer tal intercambio, D y M se despidieron y también desearon suerte con la empresa. T estaba muy contenta y decidió sacar ya ese billete de aquél pozo.
F continuaba aferrado lanzando una y otra vez la enredadera con el pasador y la cinta canela sin pegamento. T llamó a O y le arrebató el rollo de cinta canela, tomó un trozo largo y lo pegó al pasador como dios manda, es decir, sin tocar la cara con pegamento, y le dijo a F -ahora sí saldrá-, Y en efecto, al tercer intento, el billete se pegó a la cinta, y con ayuda de T, F pudo sacarlo de aquél reducido espacio. Ambos con actitud triunfante se miraron: T agradecida, F, orgulloso, y luego de dar las gracias y despedirse, T fue en busca de O para devolverle la cinta canela y aprovechó para pagar en la oficina con ese billete juguetón su cuenta telefónica. Acto seguido guardó el cambio y después salió.
miércoles, 3 de junio de 2009
Día de noticias muy buenas y varias rarezas...
Es tarde y tengo muchísimo sueño, pero siento la necesidad de escribir acerca de lo vivido este día.
Desperté muy temprano, me bañé, preparé el desayuno; El hijito se despertó, tomó casi todo lo que le di, salimos y por primera vez en varios días llegamos temprano a su escuela. Luego el metro: lectura de unas cuantas páginas de un libro acerca del CGH, el paso obligado al cafecito para revisar si había algún correo electrónico (nada... tristemente, nada)... El frío de la mañana en el centro me sorprende, pero aún más me sorprende un señor con una imponente manguera que desde una "pipa" riega agua por el piso y gente poco observadora que pasa por ahí (casi me toca baño de agua tratada y fría); luego de aquella amenaza, el camino por la Alameda, los poli-charros tan ridículos y orgullosos sobre sus caballos como siempre, luego el banco (y al fin acabé de pagar el diplomado). Finalmente llego a clase. Ahí sí todo igual hasta que recibo una llamada que me hace pegar un brinco en la banca y salir corriendo del salón. Y la noticia es que me consiguieron una licencia con goce de sueldo para que ya no ponga como pretexto el que me falta tiempo para terminar con las tareas. Esa es la primer noticia muy buena del día. Y me voy antes que termine la clase y luego de saber que las clases se prolongarán un par de horas y también unos cuantos sábados.
Y ahora vamos en sentido contrario: metro, lectura, escuelita, hijo. Luego escuelita, autobús y al trabajo.. corre, corre.. que te alcanzan. Odio esa manía mía de correr tanto.
Me encuentro entonces con un ambiente enrarecido: la zona entre la facultad y la biblioteca está acordonada, paso por en medio y es hasta entonces que me doy cuenta de que algo raro pasó. El chisme que corre es que balearon a alguien y que murió en el puesto de dulces (¿cómo es posible que dentro de Ciudad Universitaria y a pleno mediodía y que los atacantes hayan huido con la parsimonia ((Qué recuerdos me trae esa palabra)) que los testigos describen?). El morbo me gana momentaneamente, pero prefiero seguir adelante. Minutos después, como si fuera algo clandestino, recibo el primer paquete del día: una revista y muchos carteles, esa es la segunda noticia muy buena del día, que en un lapso de siete horas se repite un par de veces más: la tercer noticia muy buena del día consistió en un paquete enorme de fotos y negativos (y huelga decir que también de una plática colmada de incomprensiones, preguntas, y decisiones en exceso volubles y mal tomadas, de la que seguro habrá que escribir en otro momento), y la cuarta noticia muy buena del día llegó en una gran caja de Pandora que no me he atrevido a abrir, y con la que soñé durante la noche. Ahora sí no tengo pretexto: hay tiempo y hay material de sobra, así que es hora de trabajar duro, y eso hice para festejar que fue mi último día como bibliotecaria durante unas cuantas semanas.
Se acabó la jornada y venimos a casa. El hijo duerme desde que lo recogí en la escuela, yo ceno, espero que Sur conteste a mis llamados (pero nada... y sigo sintiendo que algo raro pasa, y duele decirlo, pero prefiero más que sea una novia a que la esté pasando mal... de cualquier forma quisiera saberlo, que confiara en mi), hablo con la compañerita de desvelos que anda sacada de onda por su futuro y también hablo con el viejo nuevo amigo que dice cosas que me tienen muy divertida y asustada. Y dan las 4 am.. Y nada del sur... y la cama llama... y lo extraño... y me voy...
¿Qué pasará?
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